Desperté buscando un pedazo de sueño que dejaste conmigo.
Me dio miedo encontrarlo
y me busque en el espejo buscando no verme.
Ahí estaba. En algún lugar de Dios. Lo puse bajo mi piel,
pero exploto.
Lo guarde entre cenizas, limpié sus restos.
Tu pedazo de sueño se reía segundos antes de explotar.
Crecía entre sombras solo como un desierto.
Algo dentro de mí me lo avisaba:
“abre los ojos y despierta, que los sueños no somos eternos”.
Mis manos respiraron hondo entonces y se calmaron apenas con el rojo de tus ojos.
El miedo no dejo que mis manos recorrieran tu cuerpo
pero al final vencieron (al miedo y a tu pecho).
El cerro estaba crujiendo arroz y el humo inundo al tequila.
Me da miedo el rojo de tus ojos y tu piel repele al humo.
Es viernes.
Azul. Sonrisa. Tu piel entera.
El refugio de tu cadera. Tu.
Gota rampeante de ardor de hielo. Amor.
Grita conmigo. Grita esta necesidad absurda y digamos ¡salud!.
Un búfalo corre en la noche, en la soledad, en la lluvia. ¡Maldita noche! ¡maldita soledad! ¡maldita lluvia!.
Fernando Todd / 06